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sábado, 12 de diciembre de 2009

Efectos terapeúticos del Cannabis


El jueves fuí al concierto de Melendi, que aunque me voy haciendo un poco "puretilla" todavía me siento como un adolescente y me va ese toque marchoso de rumbita. Las letras son muy profundas y calan mejor entre los adolescentes que lo que les diga su médico sobre el cannabis, batalla pérdida. Además la cantidad de efectos terapeúticos que tiene, venga un "petardillo" a la salud de Melendi!!


Si tienes dolor de muelas o piedras en el riñón
si no hay nada en tu nevera y no sonó el despertador
si te visita la suegra, si un atasco te atrapó
si una escopeta de feria, falla menos que tu corazón
En mi caso yo no dudo, yo lo quemó, yo lo fumo
yo lo lió entre mis brazos, yo lo peto y te lo pasó
Cannabis, me duele hasta tirar la ceniza
pa cuando salgo de copas o trino camisas
no pasas de moda, eres como las bodas
Te fumo sin prisa, y no hay mayor alegría
para mi cuerpo serrano, que un peta en la mano
si fueras mujer, yo hubiera dejado a la mía, María
Si las sufres en silencio y no llegas a fin de mes
si a tu novia hasta en las fotos le huelen muy mal los pies
si te duelen las muñecas de matar tu soledad
si vas de mal en peor, apatrullando la ciudad
En mi caso yo no dudo, yo lo quemó, yo lo fumo...
Cannabis, me duele hasta tirar la ceniza...
En mi caso yo no dudo, yo lo quemó, yo lo fumo...
Me duele hasta tirar la ceniza... (x2)
Ay! si algún día tú me faltassi algún día no te tengo
¿cómo puedo sacar yo todo lo que llevo dentro?
¿Cómo puede mi alegría superar a mi tristeza?
ni las putas aspirinas son mejor para la cabeza

sábado, 28 de marzo de 2009

Estragos educativos del porro



El profesor de filosofía Vicente Carrión hace una sensata reflexión sobre las consecuencias del consumo de cannabis en adolescentes en un articulo de EL CORREO :

Cojo un extracto :
"El placer de fumar un porro supone una inflación egoica que suscita calma, aparente lucidez, aceptación personal y sentimientos de omnipotencia. En edades adolescentes, ya de por sí máximas en egocentrismo, la idea que el porrero se hace de sí mismo es tan estupenda que le hace sospechar de la estupidez del sistema educativo y de todo lo que suene a esfuerzo, responsabilidad y ejercicio de la voluntad. Pasados sus efectos, queda la ansiedad, la desgana, el sentimiento de ser muy poca cosa, el desajuste entre las ideaciones y la capacidad para materializarlas, en fin, que los porros tensan extraordinariamente el abanico de estados interiores y por eso son proclives a desencadenar psicosis, trastornos bipolares, 'borderlines' y demás.
Pero sin llegar a la patología psíquica, algo siempre se quiebra entre el consumidor de porros y su entorno educativo y familiar. Hay un secreto que nadie sino él conoce: «no hay mejor momento en la vida que el de fumarse un porro», y hay que desarrollar toda una cadena de autojustificaciones, mentiras, ocultaciones, broncas y engaños para encontrar esos momentos de aparente encuentro con el bienestar 'auténtico'. El joven porrero necesita crear una nueva frontera hacia sus familiares y educadores porque ha puesto bajo sospecha los códigos educativos en los que se había criado. El natural proceso de rebeldía generacional en aras de su afirmación personal se distorsiona completamente por influjo del cannabis. Toda la lógica del esfuerzo, la autosuperación, la atención a las necesidades ajenas, el disfrute de las rutinas domésticas y de los placeres sencillos se viene abajo ante el arrebato explosivo del colocón. La comprensión 'auténtica' de sus colegas desbanca de pronto el laborioso influjo de padres y educadores porque le dicen a nuestro aprendiz de adicto lo que quiere oír: que no pasa nada, que los porros no enganchan, que los puede dejar cuando quiera.
Y no es verdad. Claro que el cánnabis no genera una adicción física tan intensa como otras drogas pero su influjo psicológico en el desarrollo adolescente puede ser muy intenso. Y no tanto por sus efectos más obvios en la memoria, en la concentración mental, en la somnolencia o en los altibajos emocionales, sino porque altera completamente la relación del joven con su propia fuerza de voluntad, auténtico motor de su realización futura, y también porque le confunde extraordinariamente en el ámbito afectivo: pasan a ser queridos quienes posibilitan sus amoríos con los porros y se convierten en enemigos todos los que rechazamos que pueda derivarse otro beneficio de sus juegos peligrosos que el de darse cuenta por sí mismo de qué peligroso era el juego del que ha escapado"

miércoles, 5 de noviembre de 2008